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25 mayo 2023

Los fantasmas de Fernando | Jaime Alfonso Sandoval

 Es el primer libro que leo de Jaime Alfonso Sandoval y es por una sola razón: Costaverde, o mejor dicho Rioverde; el autor y yo tenemos eso en común, hay familia de ambos que es de allá. En las primeras páginas leí algo que me hizo reír mucho que los transportes Vencedor se deben de llamar así por que cada viaje es una batalla, no sabes si se van a desarmar, a caer en los barrancos o a salírseles las llantas. Cualquier persona que haya viajado a la Zona Media o Huasteca de San Luis Potosí en los 80s/90s puede saber de lo habla; en medio del calor, con los olores del baño, la gente y el aromatizante barato, atravesando la sierra con todas las curvas y los mareos y a veces vómitos que eso implica, es toda una odisea un viaje de esos, incluso uno de pocas horas. Por eso quería que ese fuera mi primera lectura de él. 


Además de las descripciones de Costaverde y la huasteca Potosina, habla de Fernando y sus problemas de adolescente de 15 años, que no por tener 15 años y ser adolescente son problemas leves, son problemas serios y vamos conociendo un poco más de él conforme avanza la historia y Fernando va entrando en confianza para ir contándonos un poco más él. Cuando inicia la historia sabemos que Fernando perdió a su perro Domingo, que no entró a la prepa, que se rompió la muñeca, que tiene una mamá, un padrastro y una media hermana y que su ex novia Bere no quiere saber nada de él. Luego llega su tía Queta y le dice que heredó un hotel enorme, puede que si lo vende sea haga millonario, pero para que eso pase tiene que ir a Costaverde donde está su papá moribundo a hacer los trámites correspondientes y eso nos lleva a descubrir qué pasó entre Fernando y su papá cuando era niño, luego qué pasó entre su papá y su abuelo, su papá y su mamá, su papá y su tía Queta y así, sucesivamente, hasta que Fernando nos cuente qué pasó entre él y Bere y lo más difícil, entre él y él mismo. Hasta que llegamos al punto donde Fernando ata los cabos hacia atrás y todo tenga sentido. Ah, y si, si hay fantasmas de verdad, pero también fantasmas de los que dan más miedo, los fantasmas que carga uno mismo de su pasado. Al final, puede que uno se quede con esa sensación de Fernando de haber perdido, pero de es de esas pérdidas en las que uno pierde, pero pierde para ganar.